“Ambos funcionarios consideraron que no era más que un show de una niña cartucha”

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    Hace aproximadamente una semana, comencé a recibir mensajes y una fotografía sexualmente explícita de una persona con la que, si bien es cercana, nunca ha tenido ningún tipo de relación de amistad. Sus mensajes no son violentos, ni de amenaza, pero si reiterados y obviamente incómodos.

    Me dirigí a la Policía de Investigaciones (PDI), ya que esto puede poner en riesgo a mi núcleo familiar (debido a ciertos detalles que aún no me parece pertinente compartir). Expuesto todo esto, el detective sólo fue capaz de explicar que mi petición de denuncia no tenía validez, ya que no era menor de edad. En ese contexto, llamar a alguien -aunque sea de forma reiterativa- a su celular y enviar imágenes sexuales, no era un delito de acuerdo a lo que establece la calificación etaria. Para que me quedara tranquila, el funcionario agregó que podía dejar constancia por abuso sexual impropio, pero que lo más probable es que no iba a pasar a un archivo porque no habían pruebas contundentes. En conclusión, mientras este sujeto no amenazara mi integridad, ni la de un tercero (y pueda comprobarlo), no había motivo para interponer una denuncia.

    Como broche de oro el detective añadió frases como: “Quizás él esté enamorado de ti” o “este tipo de cosas es normal”.

    ¿Normal? ¿Para quién es normal este tipo de conductas?

    Preferí retirar mi carnet e irme.

    En la oficina, nadie empatizó con mi miedo y asco. Ambos funcionarios consideraron que no les concernía y que no era más que un show de una niña cartucha.

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