“Después de 12 años del suceso, pienso que debí haber gritado”

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    Cuando iba en segundo medio, a mitad de año me cambiaron a un colegio lejos de mi comuna, por lo que tuve que empezar a andar en micro sola, largas distancias, todos los días. Como a las dos semanas del cambio, venía sentada en el asiento pasillo en una micro llenísima, mirado hacia afuera (me advirtieron mucho que no me sentara en la ventana, para que nadie fuera a hacerme algo), cuando, al mirar al pasillo, vi un pene casi en mi cara.

    No se imaginan lo que sentí, el único pene que había visto en mi vida era el de mi papá, yo era virgen y fue tan asqueroso, tan traumante para mi. Miré al tipo y él miraba hacia afuera, como si nada. No atiné, me dio miedo gritar o pedir ayuda a la persona que venía al lado. Lo único que sentía era que las pocas cuadras que faltaban para mi casa eran una eternidad. Cuando tuve que bajar, le tuve que pedir permiso a ese mismo asqueroso para que me hiciera un espacio en la micro llena, lo miré a la cara y ni siquiera se avergonzó.

    Caminando a mi casa, me auto-convencí de que era un pene de goma, no sé, una mala broma y que nunca debía contarle a mis papás, porque seguramente me iban a sacar del colegio nuevo y devolverme al anterior para que no anduviera en micro y estuviera expuesta a situaciones así. Sentía vergüenza, así que guardé silencio y sólo hablé de eso varios años después con una amiga, la que también sufrió un acoso similar en un ascensor. Creo que no han sido más de cinco veces las que he contado esta historia.

    Ahora, después de 12 años del suceso, pienso que debí haber gritado. No era un pene falso, sino que era un enfermo mental. Eso sí, hasta el día de hoy pienso que sí me hubieran cambiado de colegio, ya que en esta sociedad somos siempre las mujeres las culpables y las castigadas. Desde ahí que muchas veces he tenido miedo de los hombres, aunque gracias al Observatorio me he puesto más valiente y he frenado abusos menores que he sufrido en la calle últimamente.

    Ojalá todo esto pare algún día y dejen de tratarnos de exageradas, porque realmente no saben lo que se siente.