“El hombre se quejó, diciendo: ¡cuidado niña!, y yo: vale, entonces no apoye su pene contra mi hombro”

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    Esto fue cuando tenía 14 años. Tomé por primera vez la micro. Estaba más o menos llena y un hombre de unos treinta años me cedió su asiento, le agradecí y me senté. Luego, se paró al lado de donde estaba, muy cerca de mí, mirándome fijamente. Se pegó más y sentí que algo presionaba contra mi hombro y era su miembro. Pensé que era por el movimiento de la micro al detenerse, que estaba llena, pero hubo un momento en el que la micro no hacía movimientos bruscos y el hombre seguía presionando. Me di cuenta que lo hacía a propósito. No supe qué hacer y reaccioné, levantando mi brazo con fuerza, haciendo como que me arreglaba el cabello y logré golpearle los huevos. El hombre se quejó, diciendo: “¡cuidado niña!” Y yo: “vale, entonces no apoye su pene contra mi hombro”. Una señora le gritó que era un degenerado, pervertido y el hombre se bajó en el paradero siguiente, con una carpa entre las piernas, si saben a lo que me refiero.

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