¡Emancípate de las malas mujeres, macho alfa!

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    "El supuesto derecho a la libre expresión no puede ser más importante que el derecho que tenemos todos y todas a usar el espacio público."

    Después de lanzar la primera campaña contra el acoso sexual callejero en Chile -que tuvo una gran recepción- aparecieron las voces conservadoras de siempre, defendiendo el “piropo” y el derecho a expresarse. Una crítica que se se aclara rápido al explicar que el supuesto derecho a la libre expresión no puede ser más importante que el derecho que tenemos todos y todas a usar el espacio público.

    Esta crítica es persistente y creo necesario aclarar algunos puntos a los defensores de los pseudo-poetas-urbanos. Primero, deben saber que ellas no están allí para el deleite masculino, que no se visten y salen a la calle para seducir hombres, sino que quieren sentirse lindas y seguras para sí mismas y que tienen cosas que hacer en el espacio público. Lo más probable es que les importe poco lo que otros piensen de ellas. De seguro están cansadas de los “héroes del ego femenino”, que por más buenas intenciones que tengan, diciendo un comentario al aire o halagando su cuerpo, sólo terminan cabreándolas. ¿Por qué no se guardan sus comentarios? Aunque les signifique “sufrir” por no poder expresarse.

    Otro argumento intragable, que llega a dar miedo, son los que justifican el acoso por el atuendo de las mujeres, en especial en esta época de calor. Argumento que también se usa para defender violaciones. En este supuesto, ellas se vestirían para provocarnos a nosotros, los varones. Queridos cabezas duras, ¿no han pensado que quizás, ellas no se visten para nosotros? En la mañana se ponen tal o cual pantalón, porque les gusta cómo luce, tal como tú y yo elegimos una camiseta. Y si ellas quieren verse sexy, ¿eso nos da derecho a gritarles nuestra opinión o, incluso, a tocarlas? Si su respuesta es sí, les digo, amigos, son todos potenciales violadores. Háganse ver.

      Es divertido ver a los reyes del verso callejero, tratando de enseñar a las mujeres cómo deben vestirse, dictándoles cátedra de cómo deben actuar en la calle o poniéndonos al día de cómo sentirse ante sus preciados piropos y agarrones. ¿Quienes somos nosotros para dar lecciones a quienes tienen que cruzar la calle cansadas de gritos o ponerse la cartera en el culo porque no quieren que las toquen sin su autorización? ¿Creemos que por ser hombres sabemos más de lo que implica ser mujer que las mismas mujeres?

    Al parecer, con estos argumentos, los hombres nos pensamos como víctimas de las mujeres, que salen de sus casas con el demoníaco afán de exhibirse ante nosotros, seducirnos y obligarnos a gritarles cosas. Y luego, hipócritamente, nos dicen que somos unas bestias. ¿Para qué se visten así si ya saben cómo nos ponemos? Los varones somos animales de instinto. Ay, mi querido macho dominante de las calles, te digo: ¡EMANCÍPATE, MACHO ALFA! Guárdate tu opinión y záfate de estas malas mujeres, que sólo quieren ser libres y caminar tranquilas por la calle.

    *Columna de Francisco Rojas, escrita originalmente para El Ciudadano.

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    2 COMENTARIOS

    1. Hay gente que blande el argumento de la libre expresión como si fuera ley divina y se les olvida que los derechos humanos fueron inventados por las personas con el objetivo de convivir de mejor manera y los “piropos” no cumplen este objetivo.

    2. Que enriquecedor baño de emociones son estos párrafos. Sé que hay algo más, sugiero que partan desde el principio de estos problemas, porque puede que ahí esté la causa de ellos. Cuando los niños son criados con algunas costumbres celebrándolo como una acción buena, sean bueno o malo, lo toman como verdadero y bueno. Es por ello que los problemas sociales surgen desde las falencias de la educación tanto del hogar como del colegio. Es cuestión de cultura y es deber del cada uno cambiarlo, sobretodo si se rodean de niños.

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