“En ese momento, ni si quiera dimensioné que yo había sido víctima de acoso”

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    Llegué hace algunos años a mi trabajo actual. Entré reemplazando a una niña en la recepción. Noté que todos los días en la mañana y en la tarde, dos caballeros (bastante mayores, podrían ser mis papás) venían siempre a saludarme de beso. Al principio, cuando llegué, no sentí que fuera malo, pero noté que al estar en la recepción me saludaban todos de pasadita no más, menos ellos dos. Con el tiempo empezaron a tratar de darme besos cuneteados, incluso uno de ellos trataba de tomarme las manos y meterme conversa.

    La situación me tenía chata, hasta que un día les dije que que los saludaría de lejitos no más porque estaba resfriada (mentira, obvio), así que con el tiempo empecé a alejarme de ellos y dejé de saludarlos incluso de lejos. Uno de los hombres se picó y empezó a decir que yo era “tan desagradable”, etc. En ese momento, ni siquiera dimensioné que yo había sido víctima de acoso. A la recepcionista que estuvo antes que yo le pasó lo mismo. Ahora ya no hay una trabajadora sola, siempre hay dos. Ahora, los dos hombres acosadores ya no van a molestar. Yo fui la última recepcionista acosada. Estos hechos ocurrieron el 2015.

    Pero estos dos hombres tienen fama de verdes en la empresa, más allá de lo que me pasó a mí. Se dedican a mirar traseros de las compañeras de trabajo, de mujeres jóvenes. Cuando pasamos, ellos se dan vuelta a mirar. La situación nos tiene súper incómodas. Es molesto, no somos tontas, nos damos cuenta de lo que pasa. Tenemos que siempre andar cuidándonos cuando pasamos cerca. Si usas faldas, es lo mismo, y prácticamente no podemos usar algo con un mínimo de escote.

     

     

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