“En general, son los maestros de las construcciones los más piroperos, pero este relato no tiene nada que ver con ellos”

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    Siempre que salgo a la calle, me preocupo de salir vestida par tratar de evitar chiflidos y piropos. En general, son los maestros de las construcciones los más piroperos. Pero el relato que voy a contar no tiene nada que ver con ellos. Fui acosada sexualmente por un hombre vestido con terno. Se veía una persona de clase alta, con educación.

    Estaba cruzando una pasarela en la comuna de Las Condes y, al finalizar dicho trayecto, sentí la presencia de un hombre muy cerca mío, detrás de mi espalda. Tuve miedo, porque pensé que me iban a asaltar. Al voltear, veo a ese hombre de aproximadamente 30 años, grabando mi trasero con su celular, a pocos centímetros de mi cuerpo. Lo encaré y le dije: ¿¿Qué onda?? Me dijo: ¡Perdón! y salió corriendo.

    Yo estaba en estado de shock y no alcancé a gritarle ni a perseguirlo. Cuando empecé a recordar lo sucedido, me di cuenta de que el tipo estaba grabando debajo de mi falda, que era suelta hasta la rodilla, cero provocativa. Tengo rabia de no haber podido pegarle una cachetada o haberle sacado una foto para denunciarlo.

    Sé que lo que me pasó no es nada al lado de lo que le pasan a miles de mujeres de este país. Pero siempre es bueno denunciar cualquier tipo de acoso, ya sea físico, verbal o audiovisual. Aunque las mujeres seamos bonitas y estupendas, eso no les da derecho a los hombres a vernos como objeto sexuales, ni menos a acosarnos. No podemos permitir que esto siga sucediendo.