La publicidad sexista y sus efectos en el acoso callejero

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    La publicidad es el “arte de convencer a los consumidores”, el puente entre un producto y el cliente. No sólo cumple con su principal objetivo, la venta, sino también influye en la sociedad de consumo: marca tendencias, crea valores sociales y contribuye a la construcción de estereotipos de género, sexo y raza, entre otros.

    Hay publicidad con mensajes violentos: desde el comercial de Limón Soda, del tipo que saca fotos indiscretas y sin consentimiento al escote de las mujeres, pasando por la campaña de Tritón que exhibía piernas femeninas sin cuerpo, hasta el anuncio de Duncan Quinn, marca de ropa masculina, en el que aparece un hombre estrangulando una mujer con la corbata. En ellos, la mujer es un ser inferior al hombre, convertida en un objeto sexual, lo que en extremo fomenta la violencia contra ella.

    La publicidad es el “arte de convencer a los consumidores”, el puente entre un producto y el cliente. No sólo cumple con su principal objetivo, la venta, sino también influye en la sociedad de consumo: marca tendencias, crea valores sociales y contribuye a la construcción de estereotipos de género, sexo y raza, entre otros.

    Así, la publicidad afecta a la sociedad y constantemente nos bombardea con mensajes que nos estereotipan y violentan. ¿Qué tiene que ver esto con la conducta de miles de hombres que nos acosan en las calles?

    A diario, nos rodean mensajes implícitos y explícitos en la publicidad. Al trasladarnos por la ciudad, vemos en el trayecto más de una propaganda publicitaria. Estas se enfocan a distintos públicos, pero quiero referirme especialmente a la publicidad sexista dirigida al género masculino, aquella que tiende a ser descalificativa y violenta contra el género femenino, estereotipando a la mujer como un objeto sexual y decorativo.

    Ejemplos hay de sobra: los licores, Cerveza Cristal, en el verano de este año, lanzó una campaña con la modelo danesa, de 22 años, Nina Agdal. Se la muestra en la playa, con un bikini amarillo posando junto a la botella Cristal. En la versión de televisión, Nina Agdal ocupa veinte segundos del comercial mostrando su cuerpo, y la cerveza sólo diez. El rol de Nina es ornamental, se muestra su cuerpo esbelto, curvilíneo y su cara bonita, como mera compañía del producto. Anuncios como éste se repiten todo el tiempo, las vemos masivamente en diarios, revistas e incluso en el Transantiago. El mensaje llega a mucha gente.

    Si posicionadas marcas como Calvin Klein o Dolce y Gabbana muestran en sus anuncios a mujeres que están siendo abusadas por grupos de cuatro o cinco hombres, no me extraña que el 38% de los asesinatos a mujeres en el mundo sean casos de violencia machista, según la OMS. Si Limón Soda, Brahma, Axe y Doritos promueven prácticas sexistas, tampoco me extraña que más de un 90% de las mujeres hayan sufrido algún tipo de acoso sexual callejero, según la encuesta OCAC realizada este año.

    Si constantemente nos asocian con un producto de deseo y satisfacción masculina, entiendo por qué a las mujeres nos miran y tratan como tal. Sea en la oficina, en el colegio y, también, en el espacio público. Los medios de comunicación y la publicidad detentan un rol protagónico en la percepción que los hombres tienen de las mujeres y viceversa. Por lo tanto, debiesen hacerse cargo de los mensajes que entregan en sus propagandas publicitarias. Ésa es una tarea necesaria para avanzar hacia mayor igualdad de género.
    *Columna escrita por Danita originalmente para El Quinto Poder

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