“Me quedé estupefacta esperando que se alejara”

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    Era un 24 de diciembre, me bajé de la micro que me deja a unas cuadras de mi casa. Los obstáculos para llegar son tres semáforos, dos en el mismo sentido y uno que da hacia la villa donde vivo. Venía con mi mochila y un regalo de navidad en una bolsa más o menos grande. Cuando iba en dirección a cruzar el último semáforo, veo que se acercan dos tipos con una cerveza en la mano, uno de ellos se abalanza contra mi y me toma de la cintura diciéndome “mi amor”. Me corrí lo que más pude, casi saliéndome de la vereda y me protegí con mi bolsa para que se alejara. En lo que el semáforo se demoró en dar verde, él me gritó de forma muy agresiva “¡ven pa acá!” y ahí me quedé estupefacta esperando que se alejara. De pronto, veo que un auto conducido por una mujer para en la calle y me hace una seña para cruzar a pesar de estar en rojo, seguramente vio todo lo ocurrido. Mientras me dirigía a la calle del frente, escuché un último grito del hombre que me acosó: “Feliz navidad”, dijo.

    1 comentario

    1. Tenía yo 8 años de edad y cursaba el tercer grado cuando por necesidad tuve que comenzar a ir a la escuela sola y en transporte público. No era muy lejos y caminando llegaba a la estación terminal, lo había hecho cientos de veces pues vivíamos muy cerca de ahí, y después solo eran 5 estaciones, bajar y la escuela quedaba justo enfrente…
      Ese primer día, salí temprano de mi casa, sintiéndome grande por poder irme sola como lo hacían los niños de grados más altos, al llegar a la estación del metro había demasiada gente, tanta que me daba miedo abordar, dos trenes salieron repletos de gente y yo esperaba que alguno llegara vacío pero era la hora pico y cada vez que un tren se iba más gente llegaba, comprendí que debía abordar o no llegaría temprano a la escuela, así que entre empujones y muchas personas logre ingresar al vagón del tren, con una mano logre sujetar un tubular del vagón y con la otra abrazaba una pequeña cartera adonde llevaba mi dinero y algunos artículos personales, pues decía mi mamá que en el metro la gente te roba si no estás atenta.
      En la segunda estación aun subió más gente, tanta que me empujaban para lograr ingresar al vagón y al ser yo muy pequeña no sobresalía, y me apretaban, solté el tubular y la masa de gente me empujo de espaldas hasta un hombre que venía sentado al fondo, quise salir de esa posición pero no lograba sujetarme de nada y la misma gente me sostenía, no podía moverme para ningún lado, volví la mirada al frente resignada a mantener esa posición obligada…
      Quizás pasaron unos pocos segundos cuando sentí que algo tocaba mi pierna izquierda por debajo de mi falda, extrañada quise ver qué era eso pero no podía ver porque estaba muy apretada por la gente, de repente lo pude sentir claramente, una mano mano subía mi falda de la parte de atrás y comenzó a tocarme por sobre mi ropa interior, yo comencé a temblar de miedo pues mi mente infantil imagino que era un ladrón y que si decía algo me mataría. Al llegar a la tercer estación bajo algo de gente, lo suficiente para poder salir del alcance de ese hombre, pero con la mano derecha me sostuvo fuerte por la cintura obligándome a quedarme ahí, al bajar la gente subieron más personas y volvimos a quedar muy apretados, yo seguía de pie, frente a el, incapaz de decir algo… Yo miraba a la gente a mi alrededor, hombres y mujeres muy altos para mi pequeña estatura iban sumidos en sus propios pensamientos, que nadie miraba lo que pasaba a escasos centímetros más abajo de donde ellos estaban… El hombre termino por bajarme mi ropa interior, eso me produjo una vergüenza enorme… Llegamos a la cuarta estación, más gente bajó y el tipo seguía sosteniéndome por la cintura para que no me moviera, más gente subió y seguimos apretados… El hombre con su mano izquierda acariciaba mis piernas y aunque yo las cerraba lo mas que podía, él lograba tocarme mi vagina, en un momento me dio media vuelta y comenzó a tocarme las nalgas sin que nadie ni nada se lo impidiera, pues mi falda me tapaba, la quinta estación era mi parada, al abrirse las puertas y bajar la gente logre zafarme, el tipo quiso sujetarme pero yo grité, “Aquí bajo” La gente volteo a verme y el hombre me soltó, yo bajé asustada de que me siguiera pero felizmente eso no ocurrió.

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