Mi autoestima no necesita “piropos” de desconocidos

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    Desde que empecé a participar activamente en el Observatorio contra el Acoso Callejero, he recibido muchos comentarios, felicitaciones y críticas de la gente que conozco. Algunas personas, sobre todo mujeres, se interesan por lo que hacemos, me cuentan sus experiencias y me instan a seguir trabajando. Varios hombres no entienden por qué gasto mi tiempo en un problema que (según ellos) no existe o que nunca va a cambiar porque “así son los chilenos”. También he encontrado hombres que recién se enteran de que el acoso callejero es violencia, y prometen que, de ahora en adelante, pondrán más atención, empatizarán e intervendrán de ser necesario.

    Lo que más me ha llamado la atención son las mujeres que no entienden por qué no me gusta que me digan cosas en la calle y por qué hago cosas para que deje de pasarnos. Mi argumento es simple: no me interesa lo que tengan que decir personas desconocidas sobre mí, sobre mi cuerpo o sobre mi ropa, no me visto para ellos, no me arreglo para ellos, no salgo a la calle pensando que es una pasarela.

    El argumento de ellas es que un comentario de ese tipo les sube la autoestima y les alegra el día. Yo creo que la autoestima se construye en base a las capacidades y virtudes propias (el aprecio por una misma), y a lo que piensen o digan de mi mis cercanos, aquellos que me conocen y me valoran, aquellos que saben que soy más que un par de piernas o un trasero. Para algunos autores de la psicología, esto se traduce en respeto y estimación, cosa que no siento en la calle.

    Me parece que quienes construyen su autoestima en función de lo que un montón de desconocidos les dice en la calle -susurrando al oído y sin dar la cara, mirando con deseo de pies a cabeza- no entienden que su persona vale muchísimo más que su cuerpo o una parte de él, y que ese “piropo” no es respeto ni estimación. Así, sólo se valoran por cómo lucen y no por lo que son.

    La televisión y la publicidad, junto con siglos de patriarcado, han hecho un excelente trabajo en convertirnos en una cosa para ser mirada y comentada, quitándonos el estatus de persona pensante y sintiente. Por eso, hoy más que nunca, es necesario que pensemos en cómo construimos nuestra autoestima y nos hagamos respetar en todos los espacios, incluida la calle.

    ¿Será necesario que nos valoremos de acuerdo a lo que opinen personas que no nos conocen? ¿Qué piensan ustedes sobre los piropos y el acoso callejero?

    * Columna escrita por Camila  Bustamante originalmente para Zancada

    2 COMENTARIOS

    1. No lo pudiste haber expresado mejor. Creo que las mujeres que dicen construir su autoestima en base a su aspecto físico y a los “piropos” en el fondo son personas que se valoran muy poco a sí mismas y a las que la opinión de los demás, incluso de desconocidos les afecta enormemente. Basta ver cuántas mujeres se exponen en las redes sociales, subiendo fotos provocadoras, casi sin ropa incluso para recibir ese tipo de comentarios, de verdad me dan pena porque creo que hay que quererse muy poco para estar tan necesitada de atención. En el fondo son víctimas del machismo y la cosificación sexual que hemos sufrido las mujeres durante tanto tiempo.

      • Pues sí, pero criticándolas tampoco resolvemos el problema. Ellas suben sus fotos por gusto, igual que una se pone una blusa escotada por gusto.

        Decir que “se valoran muy poco” o que necesitan atención, es caer en los mismo prejuicios de todos los días y es el mismo razonamiento por el que muchos justifican el acoso: “usas escote, seguro buscas atención”.

        No se trata de que una mujer deje de tomarse fotos en poses sugerentes o que deje de usar la ropa que le sienta bien, sino de asumir que la mujer es libre de hacer lo que le plazca con su cuerpo y que debemos respetarnos, así salgamos a la calle en traje de cumpleaños.

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