“Sentí mucho miedo, apuré el paso y bajé la mirada”

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    Hace algún tiempo, caminaba en dirección a mi casa y en una de las calles divisé un auto que estaba detenido con una puerta abierta con un hombre en su interior. En ese instante pensé que quizás le había pasado algo, por eso lo miré; pasados unos segundos me di cuenta de que el hombre estaba sin pantalones y masturbándose. En cuanto se dio cuenta de que había mirado al interior del auto, comenzó a decirme: “Mírame, ven. Me corro una paja contigo“. Sentí mucho miedo, apuré el paso y bajé la mirada.

    Situaciones como esta me han ocurrido en varias oportunidades, y creo que todas hemos pasado por episodios similares. Por eso me molesta cuando llaman feminazi a quienes nos preocupan las temáticas de género; ¿cómo negar una situación que está presente todos los días y a cada rato? ¿Cómo burlarse de las mujeres a quienes nos molesta que se nos vulneren nuestros derechos y dignidad? Quienes consideren que el acoso callejero es “un grupo de minas dramáticas”, los invito a abrir los ojos, porque situaciones como las que viví son el pelo de la cola del sin número de violaciones a los derechos humanos, sexuales y reproductivos de la mujer.