“Si hubiera nacido hombre, esto jamás habría pasado”

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    Siempre digo que el machismo nace en casa. Así es en mi hogar, mi padre, el único hombre de la familia, hasta hace un par de años, siempre me hizo saber que le habría gustado tener un varón como primogénito. Yo, por querer hacerlo sentir orgulloso de mí, le pedí que me pagara el curso para conducir. Después de mucho insistir lo hizo, amenazándome para que no reprobara porque era muy caro y que no me tenía fe.

    En fin, en mi primera clase me tocó un profesor de unos 25-30 años de edad. Esperó a que nos  alejáramos unas cuadras de la escuela para empezar a decirme cosas obscenas al oído y tocarse. Nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Yo no sabía conducir y él me obligó a hacerlo en la primera clase y con esas distracciones. De vuelta en la escuela me agarró y me dijo que si le contaba a alguien me reprobaría el curso ($200.000) y que tenía que elegirlo como profesor único. Me fui corriendo y llorando. Las 11 clases siguientes fueron cada vez peores: un par de días después me empezó a tocar los pechos; a la semana siguiente, la vagina. Se insinuaba cada vez que pasábamos por un motel; decía que pasáramos a su casa, que no estaba lejos; me metía los dedos en la boca, me jalaba el pelo y por sobre todo, se masturbaba. Terminé el curso y aprobé (nunca me había esforzado tanto por algo en mi vida).

    La escuela de conductores es la única que hay en mi comuna, está a 15 minutos de mi casa. Ha pasado casi un año y él aún se pasea por mi barrio, me sigue, me grita cosas y la última vez que pude conducir fue cuando di el examen al inspector municipal. No hay día que no recuerde su cara, sus botas, su asquerosa sonrisa, su forma de caminar, todo. Pero lo peor es que  mi papá tenía razón, aun sin saber lo que pasó: si hubiera nacido hombre, esto jamás habría pasado.

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