“Tenía su mano metida en sus pantalones, me sentí asquerosa por provocar eso en la vía pública”

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    Un día en la mañana, iba camino al Metro para ir a mi trabajo y se cruzó un hombre en bicicleta. Me dijo: “Mijita, ¿por qué no se saca el banano para poder correrme?”.  Suelo no fijarme mucho en las personas, pero vi a este hombre. Tenía su mano metida en sus pantalones, me sentí asquerosa por provocar eso a alguien en la vía pública, hasta que mi pareja me dijo que no hiciera caso, que ese hombre era un degenerado, un enfermo.

    Otro día lo volví a ver. Andaba arriba de la bici con su mano dentro del pantalón. Crucé la calle más que rápido y empezó a gritarme cosas. Ese día renuncié a mi trabajo, porque estaba arrendando allí. Volví a casa. Ahora no importa cómo andes vestida, siempre habrá gente que te mire como si estuvieras desnuda. A veces me siento mal por despertar instintos tan bajos. Mi novio dice que no es que yo los provoque, sino que hay gente tan jodida que expresa toda la suciedad que llevan dentro.

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